Decidimos visitar entre otras cosas la presa de La Almendra y la central hidroeléctrica de El Salto de Aldeadávila.
Cargamos un par de trastos en las motos, repostamos y ¡¡¡A rodar!!!
Ponemos rumbo a Fermoselle, para después, bajar hacia La Almendra, así vamos dando un rodeo que la carretera promete.
Lo bueno de rodar por esas carreteras es que están prácticamente desiertas y la tranquilidad es absoluta, pudiendo relajarte y disfrutar al mismo tiempo de la carretera y del paisaje, totalmente diferente al frondoso paisaje verde del norte.
Carreteras estrechas, de asfalto viejo y descarnado en algunos tramos, nos guían hasta Fermoselle, estamos cerca de Portugal y dudamos sobre si acercarnos o no. Al final decimos seguir con lo planeado y nos vamos al embalse de Almendra.
Este impresionante embalse de Almendra es, por volumen, la tercera más importante de España. Como curiosidad decir que sus aguas sumergieron el 17 de Septiembre de 1967 el desaparecido pueblo de Argusinos. Sus desniveles alcanzan en algunos puntos los 400 metros, tiene una longitud de 3.036 metros, una extensión de 8650 hectáreas capaces de albergar 2.586 hectómetros cúbicos y sus 202 metros de altura la convierten en la más alta de Europa Occidental.
Esperábamos encontrarnos con un pequeño “mar” de interior, pero en su lugar nos encontramos con un espectáculo poco esperanzador. Y es que todo el calor que llevábamos sufriendo durante el viaje tenía una razón de ser: Nos encontrábamos en uno de los años más caluros y secos de la historia reciente de España y el embalse parecía un fantasma de si mismo. Sin alma. Sin agua.
Tras atravesar la presa nos detuvimos en un pequeño bar de carretera para refrescarnos y reponer fuerzas.
Un buen rato después estamos de nuevo en carretera. De nuevo solos.
La carretera es un poco anodina y aburrida y el calor no ayuda precisamente a hacerla más llevadera, así que con más voluntad que ganas conseguimos llegar a nuestro siguiente objetivo: El Salto de Aldeadávila.
Esta presa es una de las obras de ingeniería más alucinantes de España y Europa y que añade a la magnificencia de su construcción el precioso paisaje de su ubicación, ya que está construida en un profundo cañón en el tramo en que el río Duero hace de frontera natural entre España y Portugal. La pena es que no todo esta a la vista y nos quedamos con las ganas de ver sus entrañas: una extensa red de túneles cavados en la roca de más de 12 km de extensión. Los mismos túneles en los que se rodaron las escenas finales de la película “La Cabina” de Antonio Mercero.
Sudorosos y cansados pero satisfechos llegamos a la parte alta de la central, desde donde podemos ver el precioso cañón y la presa desde lo alto. Dio la casualidad que mientras estábamos literalmente tirados a la sombra comenzaron a funcionar los aspersores de un pequeño jardín de la central y Juancar ni corto ni perezoso se puso a pasear con los pies descalzos por la hierva. Cualquier truco valía con tal de combatir el calor jejejeje
Después de un pequeño descanso llego la hora de ir replegándonos así que tras decidir la ruta de vuelta a casa nos retiramos sin más novedad hasta el día siguiente.
La Alberca y la Peña de Francia serían nuestros principales destinos.
Pero eso, es otra historia....